jueves, 8 de mayo de 2014

El diario transitar del buuus fantasma

antiguo y diario transporte público
Clásico  transporte público de los 70's y los 80's

Curiosa y reveladora fotografía de este viejo ómnibus de transporte público. No contrasta con  los recuerdos que aún guardo de él en mis días de estudiante universitario: siempre arrojando tenebrosas fumarolas, deambulando a diario entre las calles como un tétrico buque fantasma y siempre llevando consigo, cual personaje de Gabo, un ámbito propio: uno desdichado. No importaba la época del año, siempre lucía destartalado, con las lunas de las ventanillas traseras tiznadas de monóxido, mientras que el resto de lunas, impregnadas de smog, siempre lucían impenetrables a la vista. Sus motores traseros rugían como una bestia agonizante (su tubo de escape, a modo de chimenea a un lado de su parte trasera, emanaba una malsana y ennegrecida humareda), pero eran lo suficientemente enérgicos para empujar ese grisáceo armatoste hacia destinos que nunca conocí.
Sin duda viajé en este tipo de ómnibus siendo un niño -habían buses rojos, verdes, azules y negros-, aunque mis recuerdos son vagos. Al estar acompañado de mi madre y no tener, este, el aspecto mortecino y lastimoso de sus últimos años quizás hicieron que fueran un transporte público más para un infante como yo. Cuando reparé en él por primera vez luego de muchísimos años lo miré con algo de fascinación, pensé: “¿Dónde estuvo esto?”. Tuvieron un final lamentable, pues terminaron con dos o tres penosas y errantes unidades por algunas calles de la Lima de finales de los noventas e inicios del nuevo siglo.
De pronto me percataba de él justo en el momento que se detenía en una calle, abría sus puertas, con alguna brusquedad, -jamás vi subir ni bajar a nadie- y parecía invitar en vano a los transeúntes. Las personas en los paraderos ignoraban su miserable y hermética presencia, pero luego  cerraba sus puertas y partía dejando su venenoso rastro humeante en el aire y el apagado y lastimero gemido de sus motores. “El único lugar al que puede llevar un vehículo así es al cementerio”, pensaba. Simplemente era una aparición salida de aquella vieja serie de terror: “Un paso al más allá”.

El transitar diario del viejo ómnibus
"El submarino" o "la veintifumo"
Pero era, a pesar de su aspecto calamitoso y atemorizante, un transporte quijotesco -“el ómnibus de la tristísima figura”- y atento con las reglas de tránsito: hasta donde recuerdo se detenía en las esquinas ante los cambios de luz del semáforo, no tenía un claxon estrepitoso, ni un  vulgar cobrador colgado de la puerta. Nadie parecía advertir su pausado y sigiloso deslizar Sus puertas se abrían al detenerse y se cerraban antes de partir a su incierto destino. Todo en él semejaba a un caballero antiguo con un pasado atroz y, caído en desgracia, condenado a vagabundear por la vida sin siquiera recibir la misericordia de nadie.

El desfile diario de vetustos autobuses por Lima
Herméticos y sucios autobuses chimenea
Alguna vez tomé la decisión, al verlo doblar una esquina, y si tenía la oportunidad, de subir y deslizarme con él hacia esa ruta misteriosa.  Fue el verano del 2001 cuando lo vi detenerse en la avenida Brasil. Abrió sus puertas a solo unos pasos de mí. La tarde luminosa no lograba aplacar el lastimero aspecto del ómnibus. Sus puertas abiertas dejaron sentir su aliento, un embriagante olor a petróleo. Intenté ver al chofer a través de las grandes lunas, pero apenas pude vislumbrar una silueta siniestra al volante, de los pasajeros…ni hablar. Me mantuve expectante a la espera de que alguien subiera y luego lo haría yo. Pero nadie lo hizo, el ómnibus de la tristísima figura cerró sus puertas y partió con parsimonia. Su carcasa metálica y vibrante se deslizó a solo centímetros de mí.

Viejo ómnibus contaminando a diario la ciudad
Contaminante, ruidoso y viejo autobús limeño.
Aún se detuvo, por breves instantes, unos metros adelante. Luego apresuró sus ruidosos motores. Por entre las sucias rejillas traseras y por su chimenea, a modo de tubo de escape, vi las lúgubres humaredas escapando abundantemente. Como un buque derrotado se alejó hacia el horizonte veraniego de la Avenida Brasil. Yo permanecí de pie contemplándolo como el resignado Ben Joyce al navío “Duncan” en el  final del cuento de Julio Verne: Los hijos del Capitán Grant, para no volverlo  a ver nunca más.

Un homenaje: el viejo ómnibus chimenea es algo en el camino...




lunes, 3 de marzo de 2014

Hacia la tarde.

El aire en las calles de la  congestionada avenida Abancay, por momentos, caía en ráfagas densas y malolientes debido a la polución. El resoplo atronador de los motores de autos, ómnibus y sus bocinas,  más el tedioso bochorno del atardecer convertían,  a diario, ese rincón de Lima, en un lugar poco o nada saludable. La tarde empezaba lentamente a hacerse noche, entonces don Pancho arrió su toldito, de una ojeada calculó los magros intis del día, cubrió con un manto sus golosinas, empujó su carretilla y exclamó, juguetón: “Hijito, vámonos a la casita”. Mientras él y su pequeño bajaban por la larga avenida semejante a un profundo cañón entre los escarpados y grises edificios, algunos  faroles se encendieron con timidez.
Muchos transeúntes, apresurados, parecían dificultarles el paso. Eran más de lo habitual a las seis de la tarde. Padre e hijo iban contra la corriente,  el niño buscó el borde de la chompa de lana de su padre para sujetarse. Don Pancho notó inquietud en su hijo y le dijo: “Toma  estos caramelitos con sabor a naranja, hijo”. El niño los tomó y empezó a saborearlos. Pero al llegar al cruce con la avenida Nicolás de Piérola un gentío vociferante les cortó el paso. Decenas de empleados bancarios lanzaban consignas a voz en cuello contra la estatización de los bancos. Blandían carteles y banderolas con inscripciones de modo amenazante. Juanito se asustó y se apretujó entre su padre y la carretilla. La congestión vehicular y el tumulto terminaron por convertirles la tarde en una pesadilla. Don Pancho se puso en alerta y enrumbó su carretilla hacia otro camino. Las bocinas aullantes de los vehículos y los gritos de los empleados en la avenida recordaban el estruendo de un río surcando el cañón entre los sombríos y amenazantes edificios.
Padre e hijo prácticamente huyeron dejando atrás aquella multitud vociferante. Se internaron por callecitas apacibles y estrechas. Don Pancho empujaba su carretilla con mucha convicción, sabía ya hacia dónde dirigirse con su hijo. Bajaron por un largo y angosto jirón cuyos tenebrosos edificios a los lados parecían fauces a punto de cerrarse y engullirlos. Pero entonces Don Pancho hizo una pausa, compró un paquetito de calientes yuquitas fritas para su pequeño, dejó su carretilla estacionada y llevó a Juanito hacia unas escaleras de mármol en medio de unos frondosos y verdísimos poncianos cuyas ramas y hojas bailaban alegres con la brisa. El niño saboreaba las tiernas y sabrosas yuquitas cuando su padre lo detuvo en lo alto, y le dijo: “Mira Juanito, alza la vista”, el niño miró a su padre y luego levantó la vista al horizonte: la ciudad pareció abrir sus fauces. Juanito quedó extasiado por larguísimos segundos al ver ese vasto y silencioso mar color espliego del cielo de verano limeño. Las nubes semejaban remolinos de espuma creadas por olas extraordinarias en busca de una playa más allá de lo que Juanito podía imaginar. Los últimos rayos de sol doraban esos bordes espumosos a la vez que una marea rosácea y sutil impregnaba el profundo cielo, la inmensidad fulgurante de aquel remoto océano. Aún más allá, un mar incandescente esperaba  la inminente noche.
Don Pancho, de cuclillas, a su lado, contempló reconfortado la mirada fascinada de su pequeño hijo volcada al cielo.  Respiró profundamente mientras una tierna y breve sonrisa se le dibujaba en el rostro.

 
alt="el crepúsculo a diario"
Abancay con Nicolás de Piérola.

sábado, 22 de febrero de 2014

El diario del liberalismo en el Perú



“La política y la suerte de la raza humana están formadas por hombres sin ideas y sin grandeza. Aquellos  que tienen grandeza dentro de sí mismos no hacen la política” Albert Camus.

alt="diario de alan y fujimori"
Cuando los hermanos se encuentran.
Y pensar que todo comenzó así: El alanismo, con notorios y seductores bríos, había tomado la posta al aprismo. Alan inició su irresponsable enfrentamiento con la casta bancaria; aún tenía -pensó- embriagada a las muchedumbres con sus  gestos carismáticos y su verbo mesiánico, aún creía en convertirse en el gran líder latinoamericano ante el FMI, Alan García Pérez el pichón del verdadero líder natural del APRA Víctor Raúl Haya de la Torre, se rodeó de cortesanos a todo nivel. Fiel a sus inclinaciones francófilas, pensó: Soy el rey sol. Pero la realidad era otra y él nos hizo transitar a diario por ese purgatorio largo y sombrío, penoso e insufrible. Nos convirtió en perro muerteros y parias mundiales. La  desazón y la incertidumbre dieron paso al oportunismo de un ignoto personaje surgido del olvido que despotricaba de los partidos tradicionales.

 En medio de la barca que naufragaba el pichón tuvo la suficiente “lucidez” y los maquiavélicos arrestos, teniendo como botín al estado infestado de compañeros, de aceitar –a diario- la maquinaria agonizante contra la candidatura de Mario Vargas Llosa para apoyar la del advenedizo japonés y así evitar y entrampar cualquier posible investigación seria a su maloliente quinquenio.  García Pérez se fugó fungiendo de perseguido político hasta París llevándose a rastras su larga y pesada sombra de corrupto.

Aquí, entre nosotros, ¡oh desgracia la nuestra!, se adhirió al poder una lapa mafiosa con actitudes mesiánicas quienes trajeron consigo una versión trastocada del neo liberalismo. Cómo será de miserable nuestra política que muchos de los que acompañaron a Vargas Llosa en sus ideales neo liberales terminaron abrazando, con más fervor, la chamuchina de Honradez, Tecnología y Trabajo; una versión furibunda, oscura y grosera del neo liberalismo (Berlin -IsaiahBerlin-  es uno de los más importantes pensadores políticos de nuestro tiempo y uno de los pocos cuya obra deslinda con perfecta y sistemática coherencia el liberalismo recortado y sectario de quienes lo entienden como una exclusiva doctrina económica de defensa del mercado, de quienes, como él mismo, ven en él una doctrina en la que la tolerancia, la coexistencia política, los derechos humanos, el espíritu crítico, la cultura y la fiscalización del poder son tan importantes como la propiedad privada y la economía de mercado para estimular el progreso social.  Mario Vargas Llosa). 

Luego, todo es reciente y harto conocido, nuevamente la realidad se mostró tal cual: no éramos los tigres económicos de Latinoamérica, tampoco un país con futuro, seguíamos siendo un país primario exportador, dependiente de los cambiantes precios internacionales de nuestros no renovables recursos naturales. Otra vez estábamos a la deriva: la incertidumbre, la recesión, la corrupción pantagruélico, un diario espectáculo, nos tenían sitiados.

 El  mesías aquel fue elevado a los cielos japoneses, descendió al infierno y ahora su jauría clama por su regreso para continuar llevando su evangelio neoliberal. ¿Qué estaremos pagando? El pichón alanista nos sonríe de nuevo, dice sentirse tentado de “retomar la lucha”, “cabalgar a rocinante”, pues solo él es capaz  de ver lo que necesitan y piden los peruanos; la Puka Fujimori reclama ufana una reivindicación, y el sistema viene alineando sus fuerzas… ¡22 años bajo un régimen con una constitución espuria nacida de un golpe! Vivimos bajo un régimen fortalecido que ha criminalizado la protesta legítima de quienes no nos sentimos ciudadanos de segunda categoría, ni perros del hortelano y menos aún nos engañamos con los cantos del cambio responsable. Un sistema que intenta idiotizarnos, a diario, con una televisión saltimbanqui, escupidora de sangre. Una prensa con collar y que muestra los dientes ante cualquier intento de izquierda.

A siete años de celebrar el Bicentenario, cuando debiera ser un diario quehacer el dejar atrás algunas taras pertinaces en lo político, social y económico; aún continuamos sumergidos en la nimiedad, la crispación y en una sensación enfermiza de estancamiento. Se acercan las elecciones generales y, es una lástima, al parecer, nuevamente, votaremos en contra de alguien y el que “triunfe” continuará llevando las riendas del paraíso de la derecha y de los grupos de poder económico.



viernes, 21 de febrero de 2014

Un diario pesar: el fallo de La Haya

“He comprendido que hay dos verdades, una de las cuales jamás debe ser dicha” Albert Camus

alt="mapa del diario dilema maritimo chile y perú"
La esquiva riqueza marina

Ahora que ya todo está  consumado y  que  pueden verse las cosas desde otra perspectiva -la resignación-, una pregunta me asalta a diario: ¿Por qué la Corte internacional de “Justicia” de La Haya no se inclinó por la posición peruana? No porque fuera peruana debía decidirse por ella sino porque si su afán era ser “salomónica” (creo recordar que algunos temían esta posibilidad), la postura chilena, desde el punto de vista del sentido común, era egoísta, prepotente y abusiva. Si la proyección de las 200 millas de ambos mares se super ponían, la posición peruana, ante la corte, era la más elocuente, la más atendible y la más sensata.

alt="plano de un diario y largo litigio marino"
La noble posición peruana en la disputa marítima

         No nos engañemos ambos países perseguíamos las ingentes riquezas marinas, riquezas que Chile venía disfrutando con prepotencia durante décadas, riquezas que no perderá debido al “fallo adefesiero” de la Corte. Solo nos queda saborear a diario esta desazón, una sensación muy opuesta a lo que afirma el presidente Humala: “el fallo de la Corte es motivo de satisfacción para el Perú”. Esta  desazón  persiste cuando nos enteramos que, al parecer, Chile conocía ya el fallo antes que se pronunciara la Corte, un juez ad hoc francés contratado por el Perú votó siempre a favor de Chile, ahora ellos reclaman territorio cuando la Corte solo se expresó sobre límites marítimos, ahora debemos entendernos con ellos para la delimitación de las coordenadas marítimas, mantuvieron detenidos a pescadores peruanos  y exigían el pago de altísimas multas, aunque han sido liberados es incierto el destino de sus embarcaciones, y todo esto ante las “exigencias” deslizadas por ellos como la de cambiar nuestra constitución y firmar la Convención del mar para iniciar el proceso de implementación del fallo de la sentencia dada por  la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

alt="mapa marino de un diario debate"
Plano del polémico fallo de la Corte.

Todo esto es un ¡gran fracaso de nuestra clase política, del Estado, de “nuestra élite” social y económica…del Sistema! Lo más indignante es que ESTOS, sin bochorno alguno, afirman casi a diario que es un triunfo histórico. No obstante, ya todo está consumado y es tarde para cualquier cosa…Pero hay responsables, el país debe saberlo, la población tiene derecho a ser informada.

 La prensa oficial enmudece ante algunos aspectos del tema y sobredimensiona otros.  Gran parte de la opinión pública parece regocijarse a diario con la lectura final de un fallo inapelable  -yo escuché con expectativa, pero esta se fue desvaneciendo- , apenas un mínimo porcentaje lo contradice, es hora, pues, de empezar a cuestionarse: ¿Qué sucedió realmente en La Haya?

alt="un nuevo y diario problema, el triángulo terrestre"
El triángulo terrestre y su "costa seca"

sábado, 15 de febrero de 2014

Más que una canción


La canción marcaría el momento en que dejaba de ser niño para iniciar la pubertad y la pronta adolescencia en el horizonte... you can´t go on thinking nothing's wrong, canta el desaparecido Benjamin Orr, baterista de The Cars. Creo que, quizás, en mi fuero interno sabía que toda una época, muy pronto, iba a quedar atrás. Esto era más notorio en las noches, en la azotea: las luces de los postes, el trajinar de la gente en las calles y la refrescante brisa despertaban a diario una vaga ansiedad, una expectativa incierta, un casi incontenible afán por montar la brisa y sumergirme en la noche para conocer qué había más allá de la azotea, de las luces y de esos días que ya se iban para siempre.

Volví a escuchar esta buena canción Drive hace algunos años, un tema que no oía hacía muchísimo tiempo y que estaba sumergido, ya casi olvidado, en el sótano de mi memoria. Una noche, en mi cama, y en contra de mi costumbre, empecé a sintonizar radios. Buscaba alguna canción agradable para un buen dormir -se volvió un diario gusto-, una melodía que quizá me invitara a soñar. Pero apenas di con ella, los primeros acordes, al instante, empezaron a despertar algo en mí: una combinación rarísima de sensaciones. Rápidamente giré la perilla del sintonizador, prácticamente huí de ella. El tema removió algo en lo hondo de mi interior que procuré no surgiera a la superficie aunque no sabía exactamente qué. Sin embargo, esas sensaciones seguían bullendo instantes después. Entonces, volví a sintonizar la emisora para enfrentarme a la canción.

Así fue como ocurrió: recordé esos larguísimos veranos que aparentaban no finalizar nunca y que pasé rodeado de chicas siendo yo un pequeñín. Eran días y días interminables de cine, juegos incansables en calles tranquilas, historietas, dibujos animados, escapadas al río, la expectativa por ver pasar el tren, helados Jet Donofrio, las sabrosas tripitas fritas, muchas canciones new wave, la compañía de gatos a diario, juegos de carnaval, brisa nocturna y el cariño constante de mi madrina, sus hermanas y de toda su familia.

Hay un puñado de canciones más que, a diario, me llevan a esos lejanos años. Pero únicamente esta me despierta una rara y dulce melancolía. Who's gonna drive you home tonight, repite una y otra vez el cantante. Sí, esta canción me conduce a mi casa, mi segundo hogar del que, curiosamente, partía siempre triste, de noche y reprimiendo las lágrimas.
   
alt="el ocaso es una canción a diario"
     

martes, 31 de diciembre de 2013

U2: 25 años del Rattle and Hum

"Cuando tienes 16 años crees que puedes conquistar el mundo, nosotros teníamos razón", Bono vox.

La única y esperada visita de U2 a Lima, un documental: Rattle and hum








     Hace ya un tiempo atrás, Mabela Martinez en su programa SONIDOS DEL MUNDO, entrevistó al director teatral Alberto Isola; él, con un aire reposado y esa voz grave, se abrió a la nostalgia al recordar como a los 17 años descubrió a un cantante que lo marcaría para siempre. Lo oí hablar de un modo entrañable y con una cálida devoción sobre el viejo saurio Leonard Cohen. Cuanta gratitud y cariño había en sus palabras, en el tono de su voz y en su mirada. Un afecto apacible y profundo por su música. Mientras lo escuchaba pensé: yo también quiero expresarme así sobre U2. Veámos pues:

     Aún recuerdo aquella tarde calurosa y de denso bochorno en la que una niña llegó a la academia pre, en la cual yo estudiaba, muy entusiasmada porque, según ella, la banda irlandesa U2 llegaría al Perú. Por un brevísimo instante mis sentidos se despabilaron, mas luego reparé en que los irlandeses acababan de asaltar el Olimpo Rockero con su álbum The Joshua Tree (1987), así que no presté ya más atención a lo que dijo y volví a sumergirme en el bochorno de ese verano de 1989. Pero unas semanas después me detuve, muy sorprendido, en una calle para ver un enorme cartel anunciando su "musical journey", Rattle and Hum, en un cine del centro:


     ¡Desconocía este trailer! Solo había visto el que aparece en el menú del DVD de la película. Al empezar la escritura de este post lo hallé de casualidad. Si el anterior, en su momento, me pareció bueno, este fue realmente conmovedor y sorprendente: muy buena edición, emotiva, con escenas que no aparecieron en el documental final y versiones que tampoco aparecieron en el álbum doble del mismo nombre. A estas alturas encontrarse con algo así es gratificante y no demoró en llevarme a mi iniciática devoción por su música, allá en los finales de los convulsivos 80's. Segundo trailer.


     Sí, fue tal la repercusión de este álbum ese año 1987, que los llevó a aparecer en la portada del Times, a ser mediáticos y solicitados, y, claro, recorrer todo los Estados Unidos con canciones compuestas en su homenaje. El Joshua tree tour filmado en blanco y negro y a colores, luego del montaje, se convirtió en una especie de road movie musical. Si el The Joshua Tree era un homenaje sonoro, el documental, entonces, fue el homenaje audiovisual, y la constatación fílmica de como el sonido y la voz de Bono Vox le habían tomado el pulso a una época y conquistado el alma de Norteamérica y el mundo.
     Algo curioso me ocurrió con ellos: Si bien el álbum apareció en marzo de 1987, para mí pasó casi totalmente desapercibido. Al parecer las baladas en español, el new wave, el rock en español, la nueva trova, tendieron una especie de velo sobre el nuevo sonido que prodigaban los irish boys. Solo a fines de ese año a punto de culminar 5 to de secundaria, de manera casual, oí un ruido: U2 y, como fondo, los acordes finales de With or without you. El verano siguiente empezó la fiebre interminable con New year's day, Sunday Bloody sunday y Party girl en versiones en vivo desde una radio (studio 92). De modo veloz se convirtieron en mis favoritas, las oía una y otra vez. La subyugante voz de Bono vox llegó para permanecer de manera indeleble en mi imaginario musical. Esa voz y aquellas canciones me empujaron a buscar más sobre ellos: Where the streets have no name y I'm still haven´t found what I'm looking for.


     Totalmente rendido ya ante su música y la voz de Bono vox, aún trascurrirían varios meses antes de conocerlos. Por alguna extraña razón cada vez que los oía imaginaba a los ZZ TOP, hasta que encontré una foto de ellos y realmente me cayeron bien, su imagen no contradecía su sonido. Eran una rara avis en medio del Pop, el glam rock y el new wave de finales de los ochentas. La pasión que ponía Bono vox al interpretar las canciones me impulsaron a descubrir sus letras. El diario La República empezó a publicar una vez a la semana artículos en los que se narraba los inicios de U2. Lo más preciado era las traducciones de canciones de The Joshua tree.



     En una época sin internet, sin You Tube, ni Google de pronto te encuentras con el Helter Skelter de the Beatles en una versión inspirada al inicio de la película documental, cuando el set list de la gira iniciaba con Where the streets have no name. Verlos en pantalla gigante, en blanco y negro, con el público atiborrando el auditorio del concierto a más no poder y aclamándolos, me hicieron confirmar que no era el único y que no me había equivocado de banda. Había pasado meses escuchando el álbum con gran pasión, un álbum que marcó un antes y un después en mis gustos musicales, un álbum que se convirtió en entrañable.


     Espléndida versión en vivo de un tema que en su versión de estudio era enigmática y de una energía caótica. Recuerda mucho aquellos inicios post punk de sus primeros discos. Además le rinden un homenaje a Van Morrison: Glory.


     Esta versión en vivo le rinde justo homenaje a la original de estudio: enérgica, vertiginosa; gran presencia de The Edge en la guitarra.


     Esta fue la primera canción que oí de ellos, aunque en su versión de estudio: la voz de Bono Vox es casi susurrante, la base rítmica de bajo y batería, más la guitarra, poco a poco van iniciando un increscendo mientras Bono empieza a darle más inflexión a su canto, entonces toda la energía contenida se desborda en un largo grito y toda la fuerza expresiva de la banda cobra nuevos bríos: batería, bajo y guitarra surgen al primer plano sonoro mientras la textura vocal de Bono se desgarra en un breve remanso hasta el lamento final.

     She's running to stand still, este tema en su versión de estudio, en su momento, fue todo un descubrimiento. La versión original muestra un angustiante lamento hacia el final que perturbaba mis noches de adolescente, la harmónica era el termino ideal. La versión del documental en cambio muestra una vuelta de tuerca, pues la nota en el piano se eleva y el registro pausado de la voz de Bono también de un modo conmovedor; es una fiesta sonora regocijante el trabajo de Mullen y Clayton en la batería y el bajo respectivamente.

     Where the streets have no name, apasionante versión en vivo cuyo original en estudio con sus vigorosos redobles de batería y golpes de platillos, un bajo vertiginoso e inspirador, una guitarra eléctrica con rasgueos entrecortados y nerviosos además de la voz Bono fervorosa y entregada para una interpretación  grupal que logró tocar una fibra intima y ya fue imposible escapar al sonido que entregaban.

    One tree hill, otro descubrimiento gratificante, si bien no apareció en el montaje final del documental, merece un punto aparte. Esta canción es una comprobación de su música comprometida al homenajear al músico chileno Víctor Jara muerto por la soldadesca pinochetista. La versión original de estudio ya era muy sentida y poética, esta, en concierto, lo re confirma. La voz de Bono vox transita todas las texturas de interpretación en este tema de despedida al amigo con la promesa del reencuentro más allá del tiempo.


    Esta versión en vivo, con una breve introducción de Bono sobre los irlandeses en USA, la cual ayuda entender el significado de la letra, es distinta a la ofrecida en el único álbum en vivo de la banda: Under a blood red sky. Un fuerte sentimiento irlandés inunda el recinto, mientras The Edge casi destroza las cuerdas de su guitarra en unos rasgueos vigorozos, Bono hace un alegato contra la violencia: ¡No more!

     Bullet the blue sky, inigualable versión en vivo con la famosa introducción de Jimmy Hendrix sobre el Himno americano interpretada por The Edge. La escena de Bono iluminando a The Edge en su solo de guitarra es una de las imágenes icónicas en la historia del rock, tanto así que se usó como foto para la portada del álbum doble Rattle and Hum.



Y esto no termina, luego de 16 albums los irlandeses amenazan con uno nuevo para este verano 2014, además de una gira para el 2015 en Latinoamérica en la cual se incluiría: ¡al Perú!


¡Lo último!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Y... ¿Si fuera ella?

Sé bella y sé triste
Sí, bastó esta fotografía, una imagen suya que hallé al azar hace un año atrás, para que yo quedara, irredimiblemente, prendado. Había algo en su actitud doliente, en la forma de mantener los párpados rendidos ocultando casi las niñas de sus ojos, había algo en su rostro transido, en su mirada perdida y sin esperanza, en el ocaso de sus pupilas, en su largo y melancólico silencio que me impulsaron a buscar y saber más de ella: Gong Li. Entonces encontré otra imagen suya: sufrida, dura y egoísta a la vez, interpretaba a una malévola Geisha: Hatsumomo (Memorias de una Geisha), mujer atrapada en una tradición y en el estatus precario alcanzado que la alejan del verdadero amor y, en su amargura y resentimiento, quiere que su joven colega sufra lo mismo.


Si antes me encandiló su belleza impregnada de tristeza, ahora eran su sufrimiento y amargura las que terminaron por encauzar mi extraña y platónica devoción por ella. La primera imagen pertenece a la película Miami Vice que, por diversas circunstancias, nunca he visto, apenas breves escenas (ella baila una salsa con Colin Farrell). La segunda foto pertenece a la película: Memorias de una Geisha, la cual tampoco vi en el momento de su estreno, ni siquiera sabía que ella actuaba ahí. Pero al saberlo, por medio de un amigo, busqué el DVD y esperé con  creciente expectativa  su aparición.


Ahí estaba ella, mis ojos ansiosos no perdían ni un solo gesto suyo: ataviada en seda,  fría y engreída, miraba con desdén e ironía a la niña nueva en la casa de geishas. Hatsumomo era la geisha del momento, la más famosa y requerida. Pero, ajena a todo recato y nobleza, desde  su posición, altiva y orgullosa, le regala una frase ruin a la niña: "¡No toques mis cosas, tus manos huelen a pescado!" Hatsumomo guarda un secreto que, debido a su alto estatus, no puede vivir a totalidad. La plena convicción de su realidad la hiere intimamente. Es incapaz de renunciar a su privilegiado puesto, y, a la vez, es incapaz de vivir a la luz de todos su amor secreto.


La locura y el llanto la abruman cuando las amas de la casa de geishas descubren, alertadas por la niña, que tenía un amante; bajo la lluvia, algo más tarde, defenestrada por la niña hecha joven, la vi irse derrotada: sin amor, sin dinero, sin su fama. Entonces la película perdió interés para mí. El aire maldito que la envolvía no fue más. Hubiera querido seguirla bajo esa noche lluviosa y decirle:

¿Deseas que te amen?
Nunca pierdas, entonces,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser,
y aquello que simulas, jamás serás.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el Amor...un sencillo deber. (Poe)

He pasado meses buscando fotografías suyas y dedicándole poemas, procurando siempre que los versos se acerquen a describir la imagen, muchas de ellas son caracterizaciones para sus películas. Así, pues, un buen día descubrí algo que me remeció: ¡No la conozco de hoy! ¡La conocía desde hace 20 años! Ella era la muchacha sencilla y decidida que toma el valor de entregarse en concubinato a un adinerado hombre para salvar a su familia de la bancarrota. "Es el destino de toda mujer", dice ella resignada. Entonces recordé aquella película que vi en los primeros meses de universidad: Raise the Red Lanterm (Esposas y concubinas de Zhang Yimou, 1991).

Neruda, poema 2

Era ella la ingenua y voluntariosa joven de apenas 19 años en un pequeño mundo de mentiras, intrigas y siniestras obscuridades: Songlian. Recuerdo la amarga desazón que experimenté hacia el final de la película, lo cual ensombreció la  tierna fiesta de luces en tonalidades rojizas vertidas por las linternas al inicio; la calidez de las imágenes crepusculares que prodigaban las linternas en su casi ritual encendido al anochecer, se convirtieron en un blanco y frío aterrador en el epílogo: bajo el manto sereno e inmaculado de la nieve yacía la negra y tenebrosa locura.

Las promesas de un rostro

Himno a la belleza

La belleza por Baudelaire

La bella actriz china Gong Li...