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martes, 31 de diciembre de 2013

U2: 25 años del Rattle and Hum

"Cuando tienes 16 años crees que puedes conquistar el mundo, nosotros teníamos razón", Bono vox.

La única y esperada visita de U2 a Lima, un documental: Rattle and hum








     Hace ya un tiempo atrás, Mabela Martinez en su programa SONIDOS DEL MUNDO, entrevistó al director teatral Alberto Isola; él, con un aire reposado y esa voz grave, se abrió a la nostalgia al recordar como a los 17 años descubrió a un cantante que lo marcaría para siempre. Lo oí hablar de un modo entrañable y con una cálida devoción sobre el viejo saurio Leonard Cohen. Cuanta gratitud y cariño había en sus palabras, en el tono de su voz y en su mirada. Un afecto apacible y profundo por su música. Mientras lo escuchaba pensé: yo también quiero expresarme así sobre U2. Veámos pues:

     Aún recuerdo aquella tarde calurosa y de denso bochorno en la que una niña llegó a la academia pre, en la cual yo estudiaba, muy entusiasmada porque, según ella, la banda irlandesa U2 llegaría al Perú. Por un brevísimo instante mis sentidos se despabilaron, mas luego reparé en que los irlandeses acababan de asaltar el Olimpo Rockero con su álbum The Joshua Tree (1987), así que no presté ya más atención a lo que dijo y volví a sumergirme en el bochorno de ese verano de 1989. Pero unas semanas después me detuve, muy sorprendido, en una calle para ver un enorme cartel anunciando su "musical journey", Rattle and Hum, en un cine del centro:


     ¡Desconocía este trailer! Solo había visto el que aparece en el menú del DVD de la película. Al empezar la escritura de este post lo hallé de casualidad. Si el anterior, en su momento, me pareció bueno, este fue realmente conmovedor y sorprendente: muy buena edición, emotiva, con escenas que no aparecieron en el documental final y versiones que tampoco aparecieron en el álbum doble del mismo nombre. A estas alturas encontrarse con algo así es gratificante y no demoró en llevarme a mi iniciática devoción por su música, allá en los finales de los convulsivos 80's. Segundo trailer.


     Sí, fue tal la repercusión de este álbum ese año 1987, que los llevó a aparecer en la portada del Times, a ser mediáticos y solicitados, y, claro, recorrer todo los Estados Unidos con canciones compuestas en su homenaje. El Joshua tree tour filmado en blanco y negro y a colores, luego del montaje, se convirtió en una especie de road movie musical. Si el The Joshua Tree era un homenaje sonoro, el documental, entonces, fue el homenaje audiovisual, y la constatación fílmica de como el sonido y la voz de Bono Vox le habían tomado el pulso a una época y conquistado el alma de Norteamérica y el mundo.
     Algo curioso me ocurrió con ellos: Si bien el álbum apareció en marzo de 1987, para mí pasó casi totalmente desapercibido. Al parecer las baladas en español, el new wave, el rock en español, la nueva trova, tendieron una especie de velo sobre el nuevo sonido que prodigaban los irish boys. Solo a fines de ese año a punto de culminar 5 to de secundaria, de manera casual, oí un ruido: U2 y, como fondo, los acordes finales de With or without you. El verano siguiente empezó la fiebre interminable con New year's day, Sunday Bloody sunday y Party girl en versiones en vivo desde una radio (studio 92). De modo veloz se convirtieron en mis favoritas, las oía una y otra vez. La subyugante voz de Bono vox llegó para permanecer de manera indeleble en mi imaginario musical. Esa voz y aquellas canciones me empujaron a buscar más sobre ellos: Where the streets have no name y I'm still haven´t found what I'm looking for.


     Totalmente rendido ya ante su música y la voz de Bono vox, aún trascurrirían varios meses antes de conocerlos. Por alguna extraña razón cada vez que los oía imaginaba a los ZZ TOP, hasta que encontré una foto de ellos y realmente me cayeron bien, su imagen no contradecía su sonido. Eran una rara avis en medio del Pop, el glam rock y el new wave de finales de los ochentas. La pasión que ponía Bono vox al interpretar las canciones me impulsaron a descubrir sus letras. El diario La República empezó a publicar una vez a la semana artículos en los que se narraba los inicios de U2. Lo más preciado era las traducciones de canciones de The Joshua tree.



     En una época sin internet, sin You Tube, ni Google de pronto te encuentras con el Helter Skelter de the Beatles en una versión inspirada al inicio de la película documental, cuando el set list de la gira iniciaba con Where the streets have no name. Verlos en pantalla gigante, en blanco y negro, con el público atiborrando el auditorio del concierto a más no poder y aclamándolos, me hicieron confirmar que no era el único y que no me había equivocado de banda. Había pasado meses escuchando el álbum con gran pasión, un álbum que marcó un antes y un después en mis gustos musicales, un álbum que se convirtió en entrañable.


     Espléndida versión en vivo de un tema que en su versión de estudio era enigmática y de una energía caótica. Recuerda mucho aquellos inicios post punk de sus primeros discos. Además le rinden un homenaje a Van Morrison: Glory.


     Esta versión en vivo le rinde justo homenaje a la original de estudio: enérgica, vertiginosa; gran presencia de The Edge en la guitarra.


     Esta fue la primera canción que oí de ellos, aunque en su versión de estudio: la voz de Bono Vox es casi susurrante, la base rítmica de bajo y batería, más la guitarra, poco a poco van iniciando un increscendo mientras Bono empieza a darle más inflexión a su canto, entonces toda la energía contenida se desborda en un largo grito y toda la fuerza expresiva de la banda cobra nuevos bríos: batería, bajo y guitarra surgen al primer plano sonoro mientras la textura vocal de Bono se desgarra en un breve remanso hasta el lamento final.

     She's running to stand still, este tema en su versión de estudio, en su momento, fue todo un descubrimiento. La versión original muestra un angustiante lamento hacia el final que perturbaba mis noches de adolescente, la harmónica era el termino ideal. La versión del documental en cambio muestra una vuelta de tuerca, pues la nota en el piano se eleva y el registro pausado de la voz de Bono también de un modo conmovedor; es una fiesta sonora regocijante el trabajo de Mullen y Clayton en la batería y el bajo respectivamente.

     Where the streets have no name, apasionante versión en vivo cuyo original en estudio con sus vigorosos redobles de batería y golpes de platillos, un bajo vertiginoso e inspirador, una guitarra eléctrica con rasgueos entrecortados y nerviosos además de la voz Bono fervorosa y entregada para una interpretación  grupal que logró tocar una fibra intima y ya fue imposible escapar al sonido que entregaban.

    One tree hill, otro descubrimiento gratificante, si bien no apareció en el montaje final del documental, merece un punto aparte. Esta canción es una comprobación de su música comprometida al homenajear al músico chileno Víctor Jara muerto por la soldadesca pinochetista. La versión original de estudio ya era muy sentida y poética, esta, en concierto, lo re confirma. La voz de Bono vox transita todas las texturas de interpretación en este tema de despedida al amigo con la promesa del reencuentro más allá del tiempo.


    Esta versión en vivo, con una breve introducción de Bono sobre los irlandeses en USA, la cual ayuda entender el significado de la letra, es distinta a la ofrecida en el único álbum en vivo de la banda: Under a blood red sky. Un fuerte sentimiento irlandés inunda el recinto, mientras The Edge casi destroza las cuerdas de su guitarra en unos rasgueos vigorozos, Bono hace un alegato contra la violencia: ¡No more!

     Bullet the blue sky, inigualable versión en vivo con la famosa introducción de Jimmy Hendrix sobre el Himno americano interpretada por The Edge. La escena de Bono iluminando a The Edge en su solo de guitarra es una de las imágenes icónicas en la historia del rock, tanto así que se usó como foto para la portada del álbum doble Rattle and Hum.



Y esto no termina, luego de 16 albums los irlandeses amenazan con uno nuevo para este verano 2014, además de una gira para el 2015 en Latinoamérica en la cual se incluiría: ¡al Perú!


¡Lo último!

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Y... ¿Si fuera ella?

Sé bella y sé triste
Sí, bastó esta fotografía, una imagen suya que hallé al azar hace un año atrás, para que yo quedara, irredimiblemente, prendado. Había algo en su actitud doliente, en la forma de mantener los párpados rendidos ocultando casi las niñas de sus ojos, había algo en su rostro transido, en su mirada perdida y sin esperanza, en el ocaso de sus pupilas, en su largo y melancólico silencio que me impulsaron a buscar y saber más de ella: Gong Li. Entonces encontré otra imagen suya: sufrida, dura y egoísta a la vez, interpretaba a una malévola Geisha: Hatsumomo (Memorias de una Geisha), mujer atrapada en una tradición y en el estatus precario alcanzado que la alejan del verdadero amor y, en su amargura y resentimiento, quiere que su joven colega sufra lo mismo.


Si antes me encandiló su belleza impregnada de tristeza, ahora eran su sufrimiento y amargura las que terminaron por encauzar mi extraña y platónica devoción por ella. La primera imagen pertenece a la película Miami Vice que, por diversas circunstancias, nunca he visto, apenas breves escenas (ella baila una salsa con Colin Farrell). La segunda foto pertenece a la película: Memorias de una Geisha, la cual tampoco vi en el momento de su estreno, ni siquiera sabía que ella actuaba ahí. Pero al saberlo, por medio de un amigo, busqué el DVD y esperé con  creciente expectativa  su aparición.


Ahí estaba ella, mis ojos ansiosos no perdían ni un solo gesto suyo: ataviada en seda,  fría y engreída, miraba con desdén e ironía a la niña nueva en la casa de geishas. Hatsumomo era la geisha del momento, la más famosa y requerida. Pero, ajena a todo recato y nobleza, desde  su posición, altiva y orgullosa, le regala una frase ruin a la niña: "¡No toques mis cosas, tus manos huelen a pescado!" Hatsumomo guarda un secreto que, debido a su alto estatus, no puede vivir a totalidad. La plena convicción de su realidad la hiere intimamente. Es incapaz de renunciar a su privilegiado puesto, y, a la vez, es incapaz de vivir a la luz de todos su amor secreto.


La locura y el llanto la abruman cuando las amas de la casa de geishas descubren, alertadas por la niña, que tenía un amante; bajo la lluvia, algo más tarde, defenestrada por la niña hecha joven, la vi irse derrotada: sin amor, sin dinero, sin su fama. Entonces la película perdió interés para mí. El aire maldito que la envolvía no fue más. Hubiera querido seguirla bajo esa noche lluviosa y decirle:

¿Deseas que te amen?
Nunca pierdas, entonces,
el rumbo de tu corazón.
Sólo aquello que eres has de ser,
y aquello que simulas, jamás serás.
Así, en el mundo, tu modo sutil,
tu gracia, tu bellísimo ser,
serán objeto de elogio sin fin
y el Amor...un sencillo deber. (Poe)

He pasado meses buscando fotografías suyas y dedicándole poemas, procurando siempre que los versos se acerquen a describir la imagen, muchas de ellas son caracterizaciones para sus películas. Así, pues, un buen día descubrí algo que me remeció: ¡No la conozco de hoy! ¡La conocía desde hace 20 años! Ella era la muchacha sencilla y decidida que toma el valor de entregarse en concubinato a un adinerado hombre para salvar a su familia de la bancarrota. "Es el destino de toda mujer", dice ella resignada. Entonces recordé aquella película que vi en los primeros meses de universidad: Raise the Red Lanterm (Esposas y concubinas de Zhang Yimou, 1991).

Neruda, poema 2

Era ella la ingenua y voluntariosa joven de apenas 19 años en un pequeño mundo de mentiras, intrigas y siniestras obscuridades: Songlian. Recuerdo la amarga desazón que experimenté hacia el final de la película, lo cual ensombreció la  tierna fiesta de luces en tonalidades rojizas vertidas por las linternas al inicio; la calidez de las imágenes crepusculares que prodigaban las linternas en su casi ritual encendido al anochecer, se convirtieron en un blanco y frío aterrador en el epílogo: bajo el manto sereno e inmaculado de la nieve yacía la negra y tenebrosa locura.

Las promesas de un rostro

Himno a la belleza

La belleza por Baudelaire

La bella actriz china Gong Li...






jueves, 7 de noviembre de 2013

El siglo de un "pied noir": Albert Camus

Albert Camus y su look existencialista o el Humphrey Bogart de la literatura
En un viejo artículo del año 1962, Mario Vargas Llosa afirmaba que Albert Camus había sido uno de los príncipes rebeldes de la juventud francesa, pero que luego de su muerte (1960) pasó a ocupar el lastimoso puesto de un escritor oficial, desdeñado por el público y vigente sólo en los manuales escolares. Señala, también, lo curioso de la coincidencia entre la suerte del hombre y su obra (su prematura muerte) , pero al final concluye: "algún día resucitará el verdadero Camus, el prosista cuidadoso y cohibido ante el mundo que le tocó. Entonces se le leerá como se le debió leer siempre: como se lee a Flaubert o a Gide y no a Diderot o a Sartre"

"Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: 'Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias' Pero no quiere decir nada. Quizá haya sido ayer". Así empieza la novela El extranjero, con uno de los mejores inicios de la literatura contemporánea.
Para un adolescente de 16 años asomarse a la obra de Albert Camus puede ser reveladora, deslumbrante y algo oscura Camus contra Camu. Su personaje Meursault representaba para mí todo lo que un joven quiere vivir: disfrutar su libertad, de la naturaleza: el sol, el mar; experimentar el amor y no involucrarse en grandes problemas. Las descripciones que hace Camus sobre las ardientes playas argelinas y la inolvidable María Cardona con sus vestidos veraniegos, su cabello sobre el rostro, su piel árabe y su fácil sonrisa poblaron de modo perdurable mi juventud. Durante años sus vívidas imágenes me acompañaron aunque olvidara el nombre de la novela y el de su autor.
Pasarían largos 6 años para reencontrarme con esta espléndida historia y con mi platónico amor literario: ¡María! Alguien dijo que solo la literatura tiene el poder para alcanzar las profundidades del alma, algo de eso me ocurrió con Camus. Su prosa y ese "me es indiferente" que a cada momento pronuncia Meursault, me estimularon a buscar y saber más sobre él. Camus y Sartre


El extranjero es la mejor novela de Camus y una de las mejores de la literatura moderna. Aquella casi muletilla del extraño Meursault -un alter ego de Camus- respondía a la visión particular que tenía el autor ante la existencia: "quien permanece indiferente ante la vida ya no tiene gran cosa que perder, quien asume la pasividad y la resignación como normas vitales ya nunca será víctima de la desilusión". Solo una cosa saca de sus cabales a Meursault: la religión. Camus no se llamaba anticristiano "soy un pagano", decía; y eso se refleja en la novela: el sol, el mar, la contemplación de una calle, el cuerpo de María son la adoración de El extranjero pues le prodigan felicidad. Y entonces uno se pregunta: ¿cómo un hombre que es feliz arroja todo al abismo por un acto absurdo? el azar o las vueltas de la vida nos colocan muchas veces en situaciones extremas. Sin embargo, ya en prisión, Meursault no se siente tan desgraciado, en sus monólogos no se respiran amargura ni resentimiento: "a partir del instante en que aprendí a recordar ya no me aburría en absoluto" piensa. Aquí él toma plena conciencia de su situación y para él es un punto de partida, no el final.
Disfruté mucho la lectura de la primera parte, hacia la segunda, la historia se hace compleja y absurda: todo acusa al taciturno extraño, pero no tanto su crimen sino su actitud: su comportamiento ajeno a los convencionalismos sociales; por eso el título de la novela: el extranjero. Meursault no llora ante la muerte de su madre, bebe un café con leche, inicia una relación con María al día siguiente del entierro, va al cine a ver una película cómica con ella y, en repetidas veces, rechaza ver al cura. Ante los ojos del jurado y el juez y la gente, él es un monstruo. La maquinaria se hecha a andar al detectarse a un individuo peligroso que no asume las reglas de juego social: mentir, actuar, ser cínico. Su crimen, practicamente, queda en segundo plano. Albert Camus no convierte a su personaje en un ser heroíco o trágico frente a una sociedad malévola, solo es un ser enfrentado al absurdo y, este, con gran sentido común, decide caminar y atravesar ese camino sin dramatismos, ni odios, pero sí con una vaga ternura. La de aquel que sabe que ha vivido y ha sido feliz. Cuesta un poco creer que Camus tuviera 29 años cuando escribió esta novela (novela ensayo de estirpe existencialista) con tal profundidad y conocimiento de los avatares del hombre sumergido en la historia. Camus el primer hombre. Su novela La peste, su ensayo El mito de Sísifo, su drama Calígula y sus artículos periodísticos amplían los horizontes de su pensamiento. Esta novela no es una conclusión, es un punto de partida. Un "pied noir" caminó entre nosotros.

Cuán duro, cuán amargo es llegar a ser hombre.
El extranjero: audio



El extranjero: novela gráfica
Un pied noir para el nuevo siglo


miércoles, 23 de octubre de 2013

OCTUBRE: una tarde con papá.



Muchos años después frente a la casi aplastante blancura del techo, el náufrago extranjero había de recordar aquella tarde remota  en la que su padre lo llevó a ver una pelea de gallos.
Su  calle era entonces la primera de un extenso jirón cuyo irregular terreno se elevaba cuadra tras cuadra. Sí, el jirón Julio C. Tello era una rampa empinada y pedregosa. En el verano se volvía reseca y dura, ideal para abrir surcos y jugar a las bolitas o al trompo. Pero en otras ocasiones todo el ancho del jirón se convertía de un día para el otro en el cauce de aguas  turbulentas y apresuradas calle abajo. Los vecinos tenían que hacer peripecias para colocar largos tablones para intentar cruzar y alcanzar las bodegas que se hallaban en frente así como también evitar que el torrente madrugador e inesperado se metiera en sus casas.
Lo empinado del terreno no impedía, claro, que su calle fuera el escenario de todos los juegos infantiles del momento: desde el fútbol, pasando por la chapada, el matagente y las escondidas hasta el san miguel. Era la misma calle en la que un buen día recibió un pelotazo en la nariz y entre todos los chicos lo llevaron donde su abuela para que le detuviera la hemorragia, la misma en la que recibiera una pedrada en la cien y, nuevamente, su abuela cauterizara con ceniza la herida sangrante. La misma en la que, aunque rara vez, paseaba el terror enfundado en harapos: ¡la loca "Antuca"! La misma en la que el bravo perro de su abuela perdiera un ojo en una brutal pelea y quedara tuerto sin que eso hiciera menguar su fiereza. La misma en la que sostuviera una riña con un chico nuevo en el barrio y terminara empolvado luego del forcejeo en el suelo, pero con la satisfacción de haber sido más fuerte que el otro.
A mediados de año, en la temporada de vientos, el cielo color espliego se poblaba de multicolores cometas de todas las formas y tamaños. La suya era enorme, de 6 lados, con el símbolo pirata en el centro y su nombre...sentía una gran fascinación ante la tensión del pavilo entre sus dedos, y esta aumentaba cuando lograba enredar otra cometa y, roto el pavilo de aquella, la traía hacia su calle sintiéndose victorioso.
Frente a su casa vivía el "Papi", el mayor de los sabandijas del barrio, siempre llevaba una gorra verde olivo sobre la cabeza -alguna vez pudo ver que le faltaba cabello en varias zonas-, era de temer en los juegos pues siempre ganaba, ya había perdido muchas bolitas ante él una tarde. Pero su mayor atractivo era su hermana, ella era algunos años mayor que todos los chicuelos de la calle. Al pequeño extranjero le gustaba contemplarla por las tardes cuando la adolescente salía a hacer algún mandado. Su cabello largo y castaño que ella acomodaba con un breve y femenino movimiento de la cabeza, y su piel de nácar fulgurante, revelado por una breve falda y una blusa sin mangas, suscitaban en él una vaga fascinación pues no podía dejar de seguir con la mirada su grácil figura. Nunca se atrevió a preguntarle su nombre a nadie, mucho menos a ella.
Luego del almuerzo, en épocas de verano, solía contemplar también, desde la vereda de la calle, hacia abajo, en la lejanía, más allá de su calle, una amplia planicie en la cual podía ver dibujarse, en medio de la reverberación de la tarde: una avioneta. Todo parecía detenido en el tiempo y aplastado por el sopor y el resplandor del verano. Él esperaba ser testigo del preciso momento en que despegara mientras un rumor denso y cansado inundaba la atmósfera estival. Era un lamento lúgubre que cortaba la resplandeciente y ardorosa cortina veraniega.
Aquella calle -su mundo conocido-, apenas una cuadra, estaba limitada hacia abajo por una avenida circulada por ómnibus destartalados, autos vetustos y fugaces extraños. Hacia el lado opuesto, un interminable y bullicioso mercado formaban la frontera de su mundo. Jamás se aventuraba solo ni al sur ni al norte de su calle, todo eso era "el mar tenebroso". Solo en una ocasión se le ocurrió caminar solo hacia el mercado cuyos comerciantes ya terminaban su faena diaria. Lo que vio lo asaltó en pesadillas durante meses.
Así pues era extraño alejarse de su barrio. Pero una tarde su padre sin mayor aviso los llevó a él y a su hermana a un lugar distante más allá del "mar tenebroso". Había que caminar de prisa para no perderle el paso a su padre. Una vez llegados a un enorme local había que sortear al gentío mientras la música y los puestos de comida brindaban un ambiente festivo, pero al pequeño extranjero solo le importaba no perder de vista a su padre varios pasos más adelante. De pronto se detuvieron ante un circulo de tierra en medio del pavimento.
Sentado al borde del círculo duro y frío, con su padre y su hermanita, veía aburrido sin saber qué esperaban, el bullicio y jolgorio de un ambiente criollo: música, comida, bebidas y personas fumando. Solo ellos estaban sentados alrededor del círculo de tierra. Llegó un instante en que no solo se aburría mucho sino que se sentía molesto con su padre. Masticó su frustración pues con él no había lugar a niñerías. Permaneció en silencio impaciente y de vez en cuando miraba de soslayo a su alrededor pensando en regresar a su calle, a su casa con su madre.
Esos pensamientos lo distraían cuando, repentinamente, varias personas empezaron a aglutinarse alrededor del círculo de tierra. Un desconocido les pidió que se levantaran lo que le hizo sentirse abochornado. Ahí, de pie sobre el borde de cemento, vio entrar al círculo de tierra a dos tipos llevando cada uno un gallo. Luego todo transcurrió muy rápido: los gritos de la gente, la música, el bochorno del ambiente y los saltos de los gallos lo aturdieron un poco. Miraba la pelea ensimismado mientras un vago presentimiento iba minándolo aún más, algunas plumas flotaban en el aire. Los erizados y coloridos gallos se embestían una y otra vez en una danza saltarina feroz.
Uno de los gallos se quedó sentado con la cabeza muy erguida y el bullicio cesó. El ingenuo extranjero pensó: "se ha cansado el gallito". Un hombre ingresó al círculo de tierra y cargó al gallo que seguía envalentonado con las plumas crispadas. Otro hombre se dirigió hacia el otro gallo que continuaba sentado apaciblemente y con los ojos expresivos y vigilantes. Entonces el pequeño entendió lo que había sucedido: cuando aquel hombre alzó al gallo vio que una de las piernas estaba cortada a la altura de la articulación cerca al espolón y que este tenía atado algo metálico y filudo; notó el blanco del cartílago y solo unos ligamentos con un poco de piel sostenían el resto de la pata. La imagen terminó por angustiarlo. Con rapidez su padre los llevó de ahí sin decir palabra alguna. La pesadumbre había reemplazado al día festivo.

lunes, 24 de junio de 2013

El evasivo guerrillero Mayta !



     El primer libro con el que intenté acercarme a la obra de nuestro Nóbel Mario Vargas Llosa fue: Historia de Mayta (1984). Ocurrió en el colegio -año 1987-, en el curso de literatura; era una tarea grupal y para exponer. Yo, que ya me gustaba leer, asumí muy ufano el tema de hacer el resumen. A los 16 años uno está, a veces, mal acostumbrado a leer novelas con tramas lineales. Al emprender la lectura de esta novela sufrí, me torturé y hubo un momento en el que me sentí desesperado: ¡No entendía nada! Los personajes se me perdían, oía demasiadas voces, de pronto estaba en otro lugar, volvía a reencontrarlos, Mayta era casi omnipresente y evasivo a la vez. Al terminar la novela solo tenía fragmentos oscilantes en mi mente -además de una escena perturbadora- y debía terminar el resumen pues los demás integrantes  solo  leerían eso. Mi noción de responsabilidad fue puesta a prueba. Tengo recuerdos vagos de haber terminado el resumen, pero con sensaciones de remordimientos; no fue ideal iniciar la lectura de su obra con esa novela.
     Fernando Ampuero: sobre la ciudad y los perros. " Mario Vargas Llosa se lanzó a entrecruzar tiempos y espacios narrativos, al igual que puntos de vista que contrastaban y saltaban desde una tercera persona impersonal hasta las voces internas y externas de varios personajes. Planificó una urdimbre textual, de deliberada apariencia caótica, con un claro objetivo: capturar al lector, obligándolo a leer y esclarecer lo que iba sucediendo, y en un ritmo sincopado que no daba tregua. Vargas Llosa hizo que pasemos de una escena intensa a otra igualmente intensa, y de ahí a otra y otra hasta el final, descontanto el breve epílogo, único tramo apacible de esa lectura adictiva. Sus continuos flashbacks, flujos de conciencia y monólogos, y su empleo de la técnica de los datos escondidos y los vasos comunicantes (...) "
     Así es, no estaba lo suficientemente entrenado para acometer semejante empresa, casi pierdo mi gusto por la lectura. Durante días experimenté la sensación de una cierta pesadumbre, era muy introspectivo en aquella época y la idea de haber leído mal y haber hecho mal una tarea me produjo un desasosiego cuyo punto culminante fue ¡desaprobar el curso de literatura! La profesora, una mujercita pleitista y pretenciosa, a la que bautizamos como: Ña Catita, no quiso oír razón alguna, ni a mi madre que intentó abogar por mí. Al final del bimestre tuve un bochornoso e insultante 10 en la libreta. Un "rojo" notorio en medio de notas azules.

     Por años recordé ese episodio como una mancha en mi impoluta aventura de lector, aunque algo desordenado e inconstante. En la universidad leí a Kafka, Joyce, Faulkner, Proust, al mismo Vargas Llosa, y muchos artículos sobre Albert Camus escritos por él -su novela El extranjero la leí en aquella época del colegio y fue una aventura placentera e inolvidable-, su visión del existencialismo cundió en mí, su prosa, sus frases y María Cardona, su personaje femenino en el extranjero, marcó mi adolescencia.
    Había una cuenta pendiente que saldar: hace unos 6 años El Comercio lanzó una colección casi completa de la obra novelística de Mario Vargas Llosa, eran libros con buena tapa y buen papel. Pasé la mirada por la lista de novelas y sus fechas de aparición. Sí, ahí estaba, desafiante: ¡Historia de Mayta! Durante varias semanas esperé el reencuentro con mi viejo  mal amigo del colegio, lo esperé tranquilo, confiado y con la secreta certidumbre de redondear una buena faena luego de 20 años.
    Para mi la mejor hora para leer es después de las 10 de la noche y acostado. Es la hora en la que el bullicio y eso que llaman "contaminación sonora", como una marea invisible, se repliega, los sentidos emergen lúcidos en medio de la límpida noche y, lejana cualquier distracción, se crea un clima fraterno y único para la travesía literaria. En ese estado seguí las desventuras de Mayta noche tras noche, a veces hasta muy altas horas de la madrugada. Al final, o mejor dicho, mientras leía la novela, empezaron a desovillarse  muchas sensaciones, la más notoria fue la de un sentimiento agridulce por el otoñal guerrillero Mayta.
    Fue una lectura gratificante, hasta didáctica, por el uso de los recursos literarios en el montaje de esta novela. Ahora me espera: EL SUEÑO DEL CELTA, cortesía de un buen amigo y compañero Sanmarquino: Juan José Plasencia Vásquez, quien en medio de sus labores diplomáticas en España tuvo el tiempo de lograr un preciado autógrafo de nuestro Nóbel, ¡gracias jota!